He pasado cuatro horas frente a la computadora, esperando que te conectaras cariño, sin embargo no ha pasado nada en todo este tiempo y estoy loco… loco.

Ahora salgo hacia la noche, ahora salgo hacia la nada.

Hace exactamente un año, estreche la mano de Maria Kodama en una calle de Paris, diciéndole que nunca hubiese imaginado poder haber estado tan cerca de Borges, de alguna forma misteriosa como es esa que se me presento.

Ese mismo día, devolví a una adolescente una pequeña tela de su infancia, devolvía con ello la imposibilidad de su sueño, y, de manera reflexiva, del mío mismo. Ese día imposible, era el día en el que ella había venido al mundo.

Luego, una mujer que conecta ambos encuentros, por su mirada por su dolor por su amor, es la clave de mi existencia hoy en día, y, por eso mismo, de la reflexión que brota como fruto magnifico de su resistencia.

Ahora, en algún momento de este día, he pasado por los lugares donde se dieron estos encuentros, sin antes habérmelo propuesto, y he visto nuevamente el mismo acto con otras personas, todo desarrollándose como una especie de proyección infinita y permanente, todo preparado, otra vez, para su consumación continua y eterna.

Una combinación misteriosa de líneas que se cruzan y estallan en los puntos de su intersección, una malla a partir de estas líneas, un caos en esas intersecciones, y dentro de todo ello la promesa de un tesoro fabuloso, la posibilidad sencilla de contar con una brújula en la existencia.

He ahí mi comprensión de hoy en día, he ahí todo eso para seguir comprendiendo las cosas que vienen.

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